Es fácil dejarse llevar por la idea de incorporar inteligencia artificial "porque toca". El resultado suele ser una funcionalidad llamativa que nadie termina usando. La pregunta correcta no es si usar IA, sino qué problema concreto del negocio podría resolver mejor que una regla simple o un proceso manual.
Algunos casos de uso donde la IA sí aporta valor real: clasificar automáticamente leads según su probabilidad de conversión, analizar documentos extensos para extraer información clave, o dar soporte de primer nivel en conversaciones comerciales repetitivas.
En todos estos casos, la IA se incorpora como una capacidad más dentro de un sistema más amplio de automatización o captación de clientes, no como el producto en sí mismo. Esa es la diferencia entre una empresa que usa IA para resolver problemas y una empresa que usa IA como estrategia de marketing.
