El software a medida no es la primera opción para todas las empresas, y no debería serlo. Muchas operaciones funcionan perfectamente bien con herramientas genéricas bien configuradas. El desarrollo a medida entra en juego cuando esas herramientas dejan de encajar con el proceso real del negocio.
Algunas señales frecuentes: tu equipo usa hojas de cálculo con fórmulas cada vez más complejas para suplir lo que un sistema debería hacer; varias personas mantienen manualmente la misma información en distintos archivos; o un proceso específico de tu negocio simplemente no existe en ningún software estándar del mercado.
Cuando esto ocurre, un sistema a medida no compite con las herramientas genéricas: las complementa o las sustituye únicamente donde hace falta, adaptándose al proceso real de la empresa en lugar de obligar al equipo a trabajar como el software espera.
